Valentino Petrilli, Joaquín Reficco y Joaquín Jacob hablan de su camino en Margarita: “Cris Morena te forma”


La serie de HBO Max ya tiene su tercera temporada disponible y, en exclusiva con minutouno.com, tres de sus protagonistas revelaron detalles de lo que viene.
Valentino Petrilli, Joaquín Reficco y Joaquín Jacob hablan de su camino en Margarita: "Cris Morena te forma como artista"
El universo de Cris Morena nunca se trató únicamente de canciones pegadizas o romances idílicos; su verdadero núcleo siempre fue la búsqueda de la identidad en medio de la tormenta de crecer. Como heredera directa y spin-off de Floricienta, la tercera temporada de Margarita da un paso firme hacia una madurez narrativa mucho más compleja, abandonando la comodidad de la fábula inicial para sumergirse en las grietas reales de sus protagonistas. La magia ya no se usa solo para resolver dilemas: ahora acompaña procesos internos donde la inocencia empieza a cederle terreno a las contradicciones de la juventud.
Este cambio de escala se siente con fuerza en el camino de Margarita Ana Calderón de la Hoya. La presencia activa de sus dos hermanos altera por completo su mapa emocional; la historia deja de ser el viaje solitario de una heroína en busca de su origen para convertirse en el desafío de construir una pertenencia compartida. Esta reconfiguración familiar redefine sus prioridades, sus miedos y la forma en que debe sostenerse frente a un entorno que no deja de exigirle respuestas.
Pero el terremoto emocional no se detiene en la figura central, sino que se expande hacia todo el grupo. La narrativa decide no dejar a nadie a salvo en su zona de confort, afectando de lleno a figuras clave como Jano, Zeki y Emil. Sus arcos dramáticos sufren giros drásticos donde las certezas que sostenían sus decisiones se desmoronan: aparecen dilemas de lealtad, fracturas en las amistades de siempre y la necesidad urgente de definir quiénes son lejos de las expectativas ajenas. Sus historias dejan de ser un mero acompañamiento para convertirse en potentes motores de tensión, deseo y vulnerabilidad.
Para entender la densidad de este viraje y descubrir cómo se habita la transformación de unos personajes que crecen a la par de su audiencia, en minutouno.com hablamos en exclusiva con Joaquín Jacob, Joaquín Reficco y Valentino Petrilli.
Llenos de simpatía y emoción al saber que se cierra un ciclo, el ciclo que seguramente les abrió las puertas a nuevos caminos, Valentino Petrilli, Joaquín Reficco y Joaquín Jacob contaron en exclusiva ante minutouno.com sobre varios detalles de lo que se verá a lo largo de estos episodios, tanto los que ya están disponibles como los que quedan por estrenar. Además, teniendo en cuenta que se trata de la última temporada, los actores también hablaron sobre cómo cambió su vida a la hora de trabajar con Cris Morena.
"Nos cambió mucho el cómo conocimos el oficio. Fue la primera vez que nos pudimos lanzar de lleno a un proyecto tan grande", comenzó diciendo Reficco quien interpreta a Zeki. Luego, agregó: "Hicimos 80 capítulos, vamos mucho y relacionarnos con nuestros colegas, nuestros compañeros, con el equipo técnico, los creativos. Hemos crecido de todas las formas que un artista desea crecer aunque nos quede mucho más, ojalá, seguro y conectar con la audiencia es lo que más gratifica a la hora de servir el plato de "hice esto", a ver qué piensan y está muy lindo que el público también lo reciba y nos abrace". Entonces, el actor cerró: "Crecimos mucho".
En tanto, siguiendo la línea de su compañero, Valentino Petrilli detalló: "Yo cuando decías eso pensaba en el Cris Morena day que nosotros hicimos antes de que salga Margarita y que fue un Gran Rex lleno que la gente fue para ver a Lali, a Peter, a todos los que pasaron por Cris Morena y nosotros cerrábamos ese día con un showcito para ver qué pasaba", luego sumó: "La gente no tenía idea quiénes éramos, qué pasaba con Margarita y había como cierta resistencia".
"Salimos de ahí diciendo como "che, qué pasará" porque claro, todo un Gran Rex lleno para ver a los Casi Ángeles, a los Rebelde Way y hoy verlo desde afuera, tres años después diciendo "mira esos chicos que hicieron el Rex cerraron para ver qué onda y después terminamos haciendo 14 Movistar Arena, 13 Tecnópolis. Es como ver de afuera el crecimiento y decís "wow"", continuó el actor.
En tanto, Joaquín Jacob destacó: "Es mucho profesionalismo. Lo que dijo Joaco, Cris Morena te enseña a trabajar, el oficio, a ser profesional. El objetivo es tan grande, grabar 40 capítulos, los chicos hicieron 80 y tenes que estar a la altura. Todo eso no es simplemente actuar o cantar bien, sino implica otras cosas que también te las va enseñando. Te forma como artista".
Crecer bajo la mirada de miles de personas no es un proceso silencioso. Hay algo profundamente poético en ser testigo del florecimiento de una nueva capa de artistas que no solo aprenden a actuar, como ellos mismos dijeron ante minutouno.com, sino que aprenden a sentir frente a una cámara. En ese trayecto, la gracia, el histrionismo y el talento no se improvisan: se proyectan escena a escena, transformando el juego de la infancia en la disciplina de quien sabe que del otro lado hay un corazón esperando identificarse.
De hecho, por eso, esta tercera edición es aún más imponente. En esta temporada, los personajes de Zeki, Jano y Emil habitan una zona gris fascinante, entramados entre engaños, pequeños dolores, secretos guardados bajo llave y destellos de comedia. Y es allí donde estos tres actores demostraron un salto de madurez extraordinario, dominando el arte de hacer reír en un segundo y rompernos el corazón al siguiente.
Joaquín Reficco despliega un histrionismo magnético, una gracia natural que llena el drama de su propia historia y que tiene la rara virtud de ablandar hasta el momento más tenso. Su personaje habita la contradicción de quien busca protegerse a través del humor, pero cuando el drama lo alcanza, su vulnerabilidad se vuelve devastadora y profundamente humana.
Joaquín Jacob maneja los matices del engaño y la lealtad con una delicadeza abrumadora. Su crecimiento en pantalla se mide en la mirada: tiene el don de traducir los dilemas más oscuros de su historia, haciendo que incluso en sus faltas o equivocaciones resulte imposible no ponerse de su lado.
Valentino Petrilli entrega una solidez escénica que denota un viaje interior constante. Hay en su trabajo un juego de intensidades donde la emoción contiene la respiración de la escena; su talento para encarnar la confusión de la juventud lo vuelve el reflejo exacto de esa audiencia que creció con él y que hoy se reconoce en sus dudas, sus tropiezos y sus victorias.

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